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De erratas y diccionarios. El caso del

De erratas y diccionarios. El caso del "Diccionario Terminológico de las Ciencias Farmacéuticas" (Ariel)

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Entrevistamos a Santiago Rodríguez-Rubio Mediavilla, filólogo y traductor especializado en textos económico-financieros y turísticos. El autor realiza una novedosa investigación sobre erratas en diccionarios especializados bilingües de los ámbitos jurídico, económico-financiero, industrial y turístico. Una de las obras más destacadas del corpus es el Diccionario Terminológico de las Ciencias Farmacéuticas (Ariel 2007), al que el autor dedicó un artículo publicado en Panace@ en 2018: http://bit.ly/35noh9s.


¿Cómo se te ocurrió analizar las erratas de los diccionarios del corpus?

Santiago Rodríguez-Rubio Mediavilla: Primero, déjame agradecer la oportunidad que me brinda Cosnautas para hablar sobre nuestra investigación. Espero poner mi granito de arena en una plataforma que ofrece tantos y tan útiles recursos para el profesional del lenguaje y de la traducción médica. Dicho esto, la investigación surgió por pura casualidad. Corría el 2016. En mi trabajo como traductor usaba dos de los diccionarios del corpus, concretamente los que originaron la colección de Alicante. El uso llevó al descubrimiento de erratas, y ello llevó a la indagación y a la decisión de realizar un estudio a fondo de las obras. Empecé a investigar por mi cuenta. La envergadura que fue adquiriendo el trabajo me llevó a canalizarlo a través de un doctorado en la Universidad Pablo de Olavide (Sevilla).

 

¿Recomiendas la corrección del DTCF y de otros de los diccionarios?

SRRM: Quiero aclarar que nuestro estudio no es una enmienda a la totalidad de los diccionarios de referencia, en absoluto. Nos hemos centrado en el aspecto de la corrección formal, y lejos de nuestra intención está el querer pontificar sobre la cuestión. En mi artículo de Panace@, señalé que es imposible detectar todos los defectos de obras extensas y complejas. Como indiqué en el resumen de nuestra investigación publicado en termcoord.eu bajo el título “Research on Typographical Errors in Dictionaries” (http://bit.ly/2O4Y49N), en su día me puse a disposición de la dirección de la editorial Ariel, de la dirección del IULMA* y de los autores de los diccionarios de Alicante. Les di cumplidos detalles sobre mi trabajo y les ofrecí mi colaboración para la mejora de las obras. Me trasladaron que no estaban interesados, al menos por el momento. Mi ofrecimiento sigue en pie, por supuesto.

Recomiendo la revisión de los diccionarios más destacados de la serie de Alicante (incluido el DTCF, que presenta la mayor frecuencia registrada con una errata cada 1,58 páginas). Se trata de obras de primera línea en el contexto español, con una clara proyección internacional. No solo se han descrito unas frecuencias de erratas muy elevadas, sino también lo que hemos denominado un “paradigma de erratas”, léase un modelo. No solo se han categorizado los yerros, también se han descrito relaciones entre ellos, por ejemplo la repetición de erratas en un diccionario en concreto o en varios de ellos.

Permíteme una reflexión desde mi perspectiva de traductor. El hecho de que un traductor profesional enviara a un cliente una traducción con erratas conllevaría más que probablemente una reconvención por parte de este último, pues se interpretaría como una falta de celo en una cuestión básica como es la revisión ortográfica y gramatical. Ese reproche podría derivar en una penalización, en función de la frecuencia de las erratas o incluso de la gravedad o repercusión de yerros concretos. Si el cliente de una traducción es muy exigente (y con razón) respecto de la corrección formal de los textos que le presentan los traductores, ¿no deberían ser estos últimos también exigentes con las obras de referencia que usan en sus labores? Un traductor no puede permitirse no revisar exhaustivamente sus traducciones, estando sujeto a restricciones económico-financieras y temporales, como lo está un editor, un lexicógrafo o un corrector/revisor de un determinado diccionario, aunque sea a otra escala o a otro nivel. Esto no quiere decir que la elaboración de un diccionario de primera fila no sea una labor ardua y compleja. Lo es, y mucho.

 



¿Podrías ilustrar mediante ejemplos del DTCF esa idea de “modelo de erratas” que acabas de apuntar?

SRRM: En el DTCF encontramos la siguiente errata reproducida en subentradas relacionadas: “circumstances, under the (gral dadas las cicunstancias)” y “under the circumstances (gral dadas las cicunstancias)”. Por otro lado, tenemos la siguiente errata en subentradas homólogas: “mianserin hydrochloride (–depressive illnessses–)”  y “clorhidrato de mianserina (depressive illnessses)”. La reproducción del yerro se dio a veces en subentradas no relacionadas: “abulia (◊ Abulia can be a sympton of…)” y “underlying (◊ Abulia can be a sympton of…)”. En este caso, la errata se reprodujo porque se usó la misma frase ilustrativa en ambas subentradas. Pero la reproducción se dio a veces en varios de los diccionarios. Por ejemplo, en la subentrada “capital, cap” tanto del DTCF como del DTEFC**, figura (por partida doble en cada caso y en las mismas frases) la siguiente errata por discordancia de género: un gran inversión de capital.

 

¿Qué puede aportar tu estudio al trabajo diario de redactores, traductores o revisores?

SRRM: Se ha observado una recurrencia de erratas en palabras inglesas que contienen dobles consonantes, como committe, commitee, commited, commiting, uncomitted, committment, commisioned, commision, comission o commisioner. Esas formas erróneas aparecen cincuenta y ocho veces en diez de los diccionarios de Alicante (incluido el DTCF). Ello parece indicar que se es propenso a teclear con erratas las palabras inglesas con dobles consonantes, y a no detectar dichas erratas. A partir de los datos de nuestro estudio, en un futuro se podría elaborar un archivo con las palabras de los diccionarios analizados en las que se dan erratas con mayor frecuencia. Ello podría servir a los redactores, traductores y correctores del par de lenguas inglés-español cuando trabajen con textos bilingües difíciles de revisar (p. ej. cuando texto en español y en inglés aparezca intercalado de manera constante, como sucede con los diccionarios de Alicante). Así, además de las revisiones de base, se podrían realizar revisiones específicas de palabras que contuvieran dobles consonantes. Incluso se podrían realizar búsquedas negativas introduciendo términos erróneos frecuentes que creamos (o sepamos) que figuran en el texto con el que estemos trabajando.

También se ha observado cierta propensión a introducir erratas (y a no detectarlas) en palabras inglesas que acaban en “ment” (p. ej. engagment, arrangment, infrigment, encouragment, agrement, agreeement). En los diccionarios de Alicante, se han descrito unos cincuenta ejemplos de este tipo. Si pudiéramos determinar que esos vocablos pertenecen a un “grupo de riesgo”, podríamos usar esa información en nuestras labores diarias, porque haríamos búsquedas específicas de erratas en ese tipo de palabra. En los ejemplos de arriba, pudo influir el factor de la longitud de las palabras, ya que los vocablos acabados en “ment” suelen ser largos en términos de número de letras constitutivas. En nuestro estudio, determinamos que en más del 90 % de los non-word errors de los diccionarios de Alicante, la palabra subyacente tenía seis o más letras. En la práctica, a partir de ese dato podríamos concentrar el foco revisor en las palabras largas, que son las más propensas a contener erratas (sin perjuicio de buscar también las erratas en las palabras más cortas, claro está).

 

Sin formación en medicina, y sin experiencia como traductor médico, ¿te ha sido difícil detectar las erratas del DTCF?

SRRM: Se ha realizado una revisión lingüística de los defectos formales, sin entrar en “el fondo”. No es necesaria la formación o la experiencia que apuntas para saber que “sonda de gastronomía [sic]” no es lo mismo que “sonda de gastrostomía”. Además, muchas veces el tenor o la propia lógica del texto del diccionario no deja lugar a duda: si en la frase ilustrativa de la subentrada “gastrostomy tube” figura “gastronomy” en lugar de “gastrostomy”, la primera es a todas luces una errata, porque en las dos posiciones de la subentrada debe figurar literalmente la misma palabra. Aparte de consultar diccionarios médicos varios o páginas como PubMed, MedlinePlus o la propia Cosnautas (p. ej. en relación con siglas dudosas), en varias ocasiones consulté a expertos sobre si determinados términos muy especializados presentes en el DTCF contenían alguna errata. El propio Fernando Navarro me atendió muy amablemente en un par de ocasiones. En los casos en los que albergaba alguna duda que no se pudo resolver, se registró el posible yerro pero no se computó en los resultados.

 

Comentas la conveniencia de adaptar el DTCF a la era digital. En un diccionario electrónico se pueden corregir las erratas “de manera continua”, ¿verdad?

SRRM: Yo hago esa recomendación a partir de los datos de nuestro estudio. Pero, como es natural, compete a editor y autores el decidir en un sentido o en otro.

Ojo, que las erratas de un diccionario electrónico puedan corregirse “en tiempo real” no quiere decir que se haga.

Landau puso en cuestión la “promesa” de que los medios informáticos conllevarían una actualización constante de las obras de referencia. Sería interesante conocer la periodicidad y profundidad con que se corrigen las erratas en los diccionarios actuales. En realidad, ¿a qué nos referimos cuando decimos que un diccionario se revisa “de manera continua”? No me cabe duda de que los recursos en línea de Cosnautas son revisados con bastante regularidad y sistematicidad (a quien le quepa duda, no tiene más que comprobar en la propia Bitácora de la página web el histórico de actualizaciones de dichos recursos). Pero que esa premisa se cumpla en el caso de Cosnautas no quiere decir que suceda lo mismo con otros recursos lexicográficos electrónicos.


* Instituto Interuniversitario de Lenguas Modernas Aplicadas de la Comunidad Valenciana.

 ** Diccionario de términos económicos, financieros y comerciales (6.ª ed. Ariel 2012, impresión de 2014).