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VIII Curso de Traducción Médica de la UIMP: un oasis en medio de la pandemia

VIII Curso de Traducción Médica de la UIMP: un oasis en medio de la pandemia

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Como viene siendo tradición, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP) celebra cada verano un curso de traducción médica en Santander y este año 2020, en plena pandemia por el SARS‑CoV‑2, nos deparaba una edición especial.

A falta de cuatro días de su comienzo, el diagnóstico de la situación no parecía augurar nada bueno por varias razones: la UIMP había permanecido cerrada debido al coronavirus, por lo que no teníamos confirmación de la inscripción ni se había concretado el alojamiento o el lugar de celebración; al parecer, una profesora del curso, Paz Gómez Polledo, debía someterse a un cateterismo cardíaco de urgencia; los brotes de la esperada segunda ola proliferaban en toda España; y, por si fuera poco, por culpa del coronavirus se había cancelado gran parte del programa de ocio que Fernando Navarro había preparado con tanto mimo para las tardes del curso. Pese a la «complicación logística hasta límites insospechados» —según anunciaba Fernando—, nada parecía mermar su espíritu optimista ni su determinación para llevar el proyecto a término: «La UIMP sacará nuestro curso adelante en unas condiciones de ensueño: lo preveo, ¡va a ser la edición más bonita de las ocho que llevo impartidas!», nos escribía.

Pese a nuestro ligero escepticismo y con el temor de que el curso acabara suspendiéndose, llegó el tan esperado día en el que todo se había preparado para nosotros, los únicos asistentes a un curso presencial en la UIMP. La ilusión y el cuidado puesto en los preparativos nos había contagiado como el virus a través de los mensajes informativos y aparecimos «como un solo hombre», pese a los riesgos de acudir en medio de una pandemia.

Profesores y alumnos nos alojamos en las elegantes Caballerizas de la Magdalena, un lugar idílico que te traslada a la campiña británica, a tan solo un minuto del aula y de la playa. Perfecto para pasear, correr o nadar, como pudimos constatar al acabar las clases —o al empezarlas, según la energía matutina de cada cual—.




Tras una calurosa acogida por la vicerrectora Pilar García Mouton, pudimos conocer a todos los profesores: una meditada selección que había tenido lugar al acabar la anterior edición, y una suerte para nosotros, como pudimos comprobar nada más comenzar las clases.

Fernando constató en su charla inaugural que se trataba de un alumnado muy «equilibrado y especial»: en su mayoría mujeres, la mitad con formación de base científica y equilibrado en edad. No era del todo casual, pues la Fundación Lilly promovía la participación de médicos y científicos, concediendo tres becas a través de su Iniciativa MEDES. El grupo podría calificarse además de «colorido» por las variopintas trayectorias profesionales y la representación de la mayoría de las comunidades autónomas. Debido a la dificultad para viajar del momento, tan solo cuatro países extranjeros (Polonia, Italia, Cuba y Alemania) estaban representados, pero esto enriqueció igualmente nuestras conversaciones dentro y fuera del aula.




Es difícil resumir en pocas palabras lo que vivimos en el aula, pero el vasto conocimiento, la pasión por la profesión, las dotes comunicativas y la cercanía de cada uno de los profesores fue la tónica general de la semana. La continua interacción y la sucesión de talleres prácticos habría sido inviable en un entorno de clase virtual, como pudimos comprobar en una retransmisión de un seminario sobre coronavirus y medios de comunicación emitido desde el Palacio de la Magdalena.

Fernando Navarro nos maravilló con sus intervenciones y nos habló de la importancia de escoger bien las palabras ―pues estas «nos hablan»― y de cómo el contexto, como la pandemia actual, moldea nuestro lenguaje y con ello nuestras acciones; de ahí la importancia de cuidarlo.

Anna Romero, con su facilidad de palabra y profundo conocimiento de la traducción veterinaria, nos aleccionó sobre las características de los textos veterinarios, los recursos y las oportunidades de este desconocido sector. Asimismo, resaltó su importancia por la incidencia directa en la salud pública, la higiene alimentaria y las producciones ganaderas.

Agnieszka Grabarczyk, con su naturalidad y luminosa sonrisa, describió la pandemia coronavírica como el segundo hito en la interpretación médica después de los juicios de Núremberg. Destacó la relevancia de los intérpretes médicos como mediadores interculturales y denunció su falta de reconocimiento profesional, el intrusismo y el voluntariado, entre otros, que redundan en perjuicio para los pacientes.

Héctor Quiñones aludió al trabajo del traductor como una interesante «labor detectivesca». Desde su amplia experiencia en proyectos variopintos de diferentes organizaciones internacionales, nos mostró cantidad de recursos y describió el trabajo del traductor en este ámbito, con sus ventajas, particularidades o las cualidades necesarias para trabajar en este terreno.

Los tiempos fuera del aula no fueron menos enriquecedores, y dado que los cafés de media mañana —nuestro más sincero agradecimiento a Cosnautas por su invitación— y las comidas nos permitían librarnos de las mascarillas, aprovechamos para charlar animosamente e intercambiar experiencias. También sirvieron para ello las múltiples actividades extracurriculares que pusieron la guinda a cada una de las jornadas: un tranquilo y hermoso paseo hasta el faro de Cabo Mayor; unas prácticas en las cabinas de interpretación del Paraninfo de la Magdalena; la cena en un restaurante sobre la playa de El Sardinero; o una merienda-tertulia por invitación de Cosnautas para la última tarde del curso con unos invitados especiales: Pilar García Mouton, vicerrectora de la UIMP, Javier Lascuráin, director general de la Fundéu, e Inés Bolza, Mar Abad y Estrella Montolío, ponentes del susodicho seminario sobre el coronavirus.




Con la clausura del curso y la entrega de los diplomas, todos experimentamos una extraña mezcla de satisfacción, alegría, tristeza y enorme agradecimiento a los que hicieron posible que el curso saliera adelante en circunstancias absolutamente desfavorables. Este curso fue la prueba palpable de que con buena voluntad, empeño y esfuerzo se pueden lograr cosas maravillosas. Nos vamos para casa con un sinfín de recursos y consejos de traducción bajo el brazo; enormes ganas de seguir creciendo, conscientes de lo que nos queda por delante; y un mar de cariño por parte de profesores y colegas de profesión, que ya se han convertido en amigos y en un apoyo para afrontar con las vicisitudes del mundo traductoril.

Cristina Gutiérrez Viloria
doctora en Bioquímica y redactora-traductora médica,

beneficiaria de una beca MEDES para asistir al curso