Bitácora del cosnauta

¿Un diccionario de neologismos?

¿Un diccionario de neologismos?

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Sumidos como estamos en nuestros textos, concentrados en encontrar la palabra precisa o la siempre deseada exactitud terminológica, quizá no reparemos del todo en los secretos ocultos de un diccionario como el Libro rojo.Ya todos sabemos del carácter integrador y multisectorial del Libro rojo y, por supuesto, de la asombrosa exactitud que, combinada con un espíritu constructivo, caracteriza a Fernando Navarro, pero quizá no reparemos siempre en las pequeñas joyas que, a modo de propuestas neológicas, recomendaciones o simples deseos (que de todo hay), salpican el Diccionario de dudas y dificultades de traducción del inglés médico.

Ya desde la introducción, se nos recuerda que «es sabido que gran parte de los términos médicos son (…) neologismos creados a partir de raíces, prefijos o sufijos de origen grecolatino y comunes a los principales idiomas europeos», y se declara la firme intención de conjurara el peligro de aquellas «palabras o expresiones inglesas que, como resultado de una traducción directa motivada por su facilidad aparente, den origen con frecuencia a traducciones incorrectas, inciertas, problemáticas o mejorables en nuestro idioma». No puede sorprender, entonces, que el Libro rojo lance al traductor palabras de nuevo cuño, propuestas de neologismos que intenten evitar la incertidumbre de una traducción apresurada. Y se pregunta uno (y pregunta al lector de esta humilde bitácora) si acaso alguno de estos lanzamientos ha encontrado ya su espacio en alguna traducción lejana o reciente y se abre paso hacia el uso o la lengua reglada, reclamando su sitio en el lenguaje médico (o no) en español. Todo un misterio por resolver de este Libro rojo.

Pero volviendo al asunto, de entre todos los neologismos propuestos por Fernando navarro en su diccionario, el azar ha ido mostrándome poco a poco algunos de ellos; y los hay, por supuesto, de todos los tipos. Veamos algunos.

Empezaremos este breve repaso con aquellas palabras que el autor propone “con la mejor y la más seria de las intenciones”, como la hermosa posibilidad de «tanateo», propuesta para el más común término inglés funeral home.

Y seguiremos con otras que, a mi juicio, merecen un mayor reconocimiento por su perspicacia y carácter intuitivo, caso de los felices neologismos «remnografía» o «tipar». 

También aparecen propuestas de más difícil integración, quizá por el predominio de barbarismos más o menos felices y que operan de facto en nuestro lenguaje. Son palabras, en todo caso, que no carecen de un sutil elemento sugestivo, como «homoerotofobia», cuyo equilibrio fonético reclama una mayor difusión y uso. 

Hay, por supuesto, rescates necesarios, como ocurre con «meyosis», propuesta que (nos advierte Fernando navarro) «utilizó ya, por ejemplo, Pío Font Quer». 

Pero de todas ellas, dos son las que se alzan por encima del resto: «musculismo», propuesta de nueva traducción para body building y cuya entrada, en verdad exquisita, es un ejemplo de erudición lingüística; y «medicrata», traducción única para un neologismo jergal procedente, cómo no, del omnipresente idioma inglés.